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En 1633, la inquisición obligó a Galileo Galillei a ponerse de rodillas y retractarse de sus teorías acerca del movimiento de la tierra. Al levantarse, Galileo murmuró: "¡Eppur, si muove!" (¡Y sin embargo, se mueve!). Lo que habría de significar es que a pesar de desdecirse, seguía pensando del mismo modo. Desde entonces, esta frase se ha transformado en la quintaesencia de la rebeldía del científico ante la coerción de la autoridad y la censura de la fe.
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22 jun 2011
30 abr 2011
La invención del amor
¿El amor no existe? es una construcción social para justificar el comportamiento producido por los instintos cuya razón de ser es el apareamiento para la perpetuación de la especie.
La invención del amor
Si usted piensa que el amor no tiene edad, es eterno, ciego, incondicional e incorrupto, sepa que todos estos conceptos no son universales ni naturales. ¿Por qué? ¿Será que hemos vivido en el engaño?
*
De pronto que se acerca un caballero, su pelo ya pintaba
algunas canas. Me dijo: le suplico, compañero, que no hable
en mi presencia de las damas.
«Mujeres Divinas», Martín Urieta
¿Qué pensaría usted si le digo que la mayor parte de las prácticas amorosas, entre ellas las más melosas y tradicionales, las que algunos sentimos sexistas y otros corteses, las que van desde el cortejo a la mujer, las flores, la búsqueda de la amada y el tratamiento privilegiado —«primero las damas»—, hasta las maneras gentiles y atentas, la preservación de la virginidad, el adulterio velado y los mensajes cifrados de las relaciones extramaritales, son un mero invento del siglo XII?
A partir de este siglo, la cultura occidental «empieza a entender el término amor en un sentido muy distinto de como lo había hecho anteriormente»,[1] se crean términos de conducta aún vigentes, pero que a un ciudadano de la Roma imperial le habrían parecido absurdos y a un hombre del lejano Oriente, poco menos que incomprensibles.
La idea del amor y el enamoramiento que hoy tenemos, que vemos en las telenovelas, en las novelas rosas tipo Corín Tellado y, sobre todo, en celebraciones como la de San Valentín —con sus cajas de chocolates, sus ositos de peluche, sus joyas en caja y las postales de «Amor es…»— derivan de esa añeja tradición medieval.
La mujer en el medioevo
Durante la Edad Media, el papel y la imagen de la mujer atravesarían por diversas concepciones —no olvidemos que es un periodo de diez siglos—: primero, la visión misógina de los padres de la Iglesia como San Antonio, San Jerónimo y Santo Tomás de Aquino, quienes la consideraban «soberana peste, puerta del infierno, amor del diablo, deficiencia de la naturaleza, larva del demonio o flecha del diablo»; luego, este desprecio cambió un poco al instaurarse la imagen de la Virgen María —la madre de Dios y sus dones: virtud y maternidad— como modelo a seguir para las religiosas y las doncellas; por último, entraría en juego una tercera concepción que vincularía a la mujer con la redención de los pecados: la de María Magdalena, con quien la imagen de lo femenino se hace más real —ya no es demonio ni santa—, más humana y más asequible: una pecadora que se puede salvar como cualquier hombre.
Es un poco lo que nos relata Dante en La divina comedia, donde nos muestra tres espacios diferentes, pero conjeturados entre sí: el infierno, Eva; el cielo, María; y el purgatorio, Magdalena.[2]
Enlaces pactados
Por otro lado, recordemos que, durante el Feudalismo, a los miembros de las familias aristocráticas se les preparaba desde la infancia para unirse en matrimonios concertados,[3] en cuyas negociaciones no podían influir.
Se pensaba que las circunstancias, la inteligencia de los esposos, la habilidad de sus familias y la discreción de los personajes de la Corte contribuirían al éxito de los mismos; pero la mayor parte de las veces la sumisión y la aceptación absoluta de esta costumbre hacían que los contrayentes vivieran una realidad conyugal atroz, distante, ajena o, simplemente, aburrida. Esto provocaba que la mujer «malmaridada» —común en esta época— buscara alternativas a su desdicha y muchas veces las encontrara en los amores secretos, prohibidos e imposibles de los sigilosos caballeros.
De guerrero a caballero
Por su parte, el hombre medieval también sufriría una transformación en su comportamiento social. Aquél que por necesidad seconvertía en guerrero para formar parte del estamento superior de la sociedad seguía un proceso evolutivo que lo llevaba de un «salvaje cubierto de hierro» a un caballero[4] refinado con una codificación de su conducta bélica y cotidiana, en sus maneras y en sus gustos. Aquellos combatientes que participaban en batallas durante los primeros siglos de la Edad Media, después de ir a las Cruzadas y tener un contacto cultural y el conocimiento de sociedades más refinadas,[5] poco a poco modificarían su comportamiento. Así, las buenas maneras, la generosidad y el refinamiento serían entonces tan o más importantes que la habilidad con las armas y el valor, tanto en la Corte, como en la convivencia de hombres y mujeres, o en las fiestas y torneos.
El amor feudal
Dentro de este contexto, en el Languedoc[6] de fines del siglo XI apareció una nueva concepción de la relación amorosa, que se llamó fin’amor y se expresó especialmente a través de la poesía de trovadores y juglares —lírica, artificiosa y enigmática[7]—, se extendió a toda Europa y, en siglos posteriores, a todo el mundo occidental.
Esta concepción expresa una forma de amor cuyas características básicas son el servicio a la dama, la cortesía en las formas, el adulterio y el amor secreto. Algo así como un «feudalismo amoroso», como bien dice Aurelio González, donde el amante es el siervo o vasallo de la dama, e incluso muchas veces se dirige a ella como midonz —«mi señor», «mi don»—. Sus virtudes son la obediencia y la aceptación; asimismo, el rito iniciático y los rituales caballerescos[8] son acciones que el amante debe realizar con su amada, lo que lo convierte en caballero porque es capaz de amar, y es el amor el que lo hace cortesano, lo que le da luz y le permite continuar.
Amor real, no platónico
Pero este fin’amor —amor cortés, servil, feudal o caballeresco, como le queramos llamar— no era, como se piensa erróneamente, ideal o platónico. La mujer se ha idealizado, pero es alcanzable. El enamorado ambiciona llegar al fach o fait,[9] —es decir, el acto amoroso—, aunque no siempre lo logra y a veces tiene que contentarse con escarceos, promesas e incluso con el coitus interruptus, pasando por todas las etapas previas, esas que señalan algunos tratadistas latinos de la época: visus —miradas—, alloquium —exhortación—, contactus —contacto—, basia —besos— y factum —acto amoroso.
Este tipo de relación amorosa exigía la discreción absoluta de los amados y los amantes, por lo que el nombre de la dama además nunca se debía hacer público por ningún motivo, bajo pena de cometer una félonie —infidelidad— que evidentemente haría indigno al caballero.1 [10]El marido no debía saber del amor de su mujer ni de su enamoramiento —recordemos que el adulterio femenino no se consideraba igual que el masculino, ya que la honra del hombre era depositada en la mujer por vía del padre que la entregaba en matrimonio—, ya que su infidelidad se buscaba y se condenaba. De hecho, Ginebra, la esposa del rey Arturo, fue una heroína porque supo ser mujer del gran héroe y a la vez desafiar su condición enamorándose de Lanzarote, caballero e ideal amoroso.
Los principios del amor
Los principios del fin’amor o amor cortés aparecen recogidos y sistematizados en el De arte honeste amandi, Ars amatoria, o De amore, de Andreas Capellanus, obra que incluye un manual de cortesía acerca de cómo se adquiere y conserva el amor, y los fallos de las Cortes de Amor, formadas por damas de alto rango como Leonor de Aquitania.[11] Entre sus principios rectores más importantes están:
* El amor no es posible en el matrimonio porque no existe libertad.
* Es insensato que la dama que no ama exija ser amada.
* Es indigno emplear un intermediario en asuntos de amor.
* Nada impide a una mujer ser amada por dos hombres, ni a un hombre por dos mujeres.
* El verdadero amante siempre está absorto por la imagen de la amada.
* No tiene ningún valor lo que el amante obtiene sin el consentimiento de la amada.
*El amor rara vez dura cuando se le divulga demasiado.
El fin del amor
Al intentar explicar por qué se construyó o se inventó el amor cortés y la lírica trovadoresca, algunos han rastreado la presencia mal interpretada de Ovidio y su Ars amatoria; sin embargo, como nos dice González, «la ironía, el interés y el realismo de sus planteamientos sobre el amor contrastan con la seriedad e idealización del tratamiento medieval». Asimismo, este tipo de exaltación sentimental, esta práctica semisecreta, idealizada y tierna era, sin duda, una evasión de la realidad conyugal y cotidiana de entonces, una reacción de escape ante un tipo de vida que no ofrecía muchas posibilidades, como podía ser la vida de la mayoría de los caballeros y de las damas mal casadas que recibían pocas atenciones por parte del marido, ya sea por diferencia de edad, por ausencia —los maridos solían partir a la guerra— o por indiferencia.
Por otra parte, en el amor cortés muchos han encontrado visos de sexismo, ya que transforma a la mujer en un ser pasivo o en un objeto, lo cual dio lugar a normas misóginas —como la limitación del campo de acción de la mujer al ámbito de la casa— que se volvieron habituales. Pero, a la vez, en esa búsqueda del amor podemos ver antecedentes de una mujer que se ve a sí misma, que se reconoce y que logra tener un desarrollo discursivo fuera del ámbito tradicional doméstico.
Lo que es un hecho es que este modelo creado en Occitania en el siglo XII sobrevivió y aún pervive en ciertas formas de cortesía y de relación —de ficción, de cine y de hecho— en nuestros días. González nos dice: «De muchas formas, la dama y el caballero se siguen ocultando dentro de cada uno de nosotros, y aparecen en los momentos más insospechados». Y eso sigue siendo cierto. Piense usted si no.
[1] Aurelio González, «De amor y matrimonio en la Europa medieval» en Amor y cultura en la Edad Media, Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México: México, 1991; pp. 29-42.
[2] Alberto Hurtado, Algunas pinceladas de amor cortesano, Conferencia sobre Literatura Medieval, Departamento de Filosofía y Humanidades, Madrid: Universidad Complutense, 2005.
[3] v. Algarabía 3, enero-marzo 2002, Ideas: «Mil años de matrimonio»; pp. 17-23. También El libro de todo, como en botica IV—del placer a la invención—, Colección Algarabía, México: Editorial Lectorum y Otras Inquisiciones; pp. 57 -67.
[4] . Algarabía 31, febrero 2007, Ideas: «Caballeros y damas»; pp. 23-29. También El libro de todo como en botica i, Colección Algarabía, México: Editorial Lectorum y Otras Inquisiciones; pp. 161-167.
[5] Cf. Jacques Lafitte-Houssat, Trovadores y Cortes de Amor, eude.
[6] Languedoc es una región de Occitania —sur de Francia—, antiguamente llamada Gotia o región Narbonense. Languedoc alude al idioma vernáculo de esta región: «lengua de oc», que viene de la palabra oc —y ésta del latín hoc, que significa «sí».
[7] Los juglares fueron los transmisores fundamentales de la cultura durante la Edad Media, ya que difundían técnicas musicales y poéticas, noticias, acontecimientos sociales y vivencias personales en un mundo de gente analfabeta cuya única tradición era la oral. v. Algarabía 25, mayo 2006, Causas y azares: «Músicos trashumantes»; pp. 46-49.
[8] Los rituales del vasallo y del amor se asimilan y así encontramos actos como la Immixtio manuum, en la que el Señor toma entre sus manos las del vasallo; el volo, donde el vasallo expresa su voluntad y su fidelidad, y el osculum, beso de confirmación de las obligaciones contraídas.
[9] «Hecho», en lengua occitana o languedoc.
[10] ¿Derivará de este precepto aquella frase de «Los caballeros no tienen memoria»?
[11] Leonor de Aquitania (1122-1204) fue nieta del gran Guillermo IX —primer trovador, patrono de trovadores, pintores y pensadores— y madre de Ricardo «Corazón de León»; además, fue dos veces reina, musa de trovadores y bardos bretones, compositora, y sin duda la responsable de que la historia del ciclo
La invención del amor
La invención del amor
Si usted piensa que el amor no tiene edad, es eterno, ciego, incondicional e incorrupto, sepa que todos estos conceptos no son universales ni naturales. ¿Por qué? ¿Será que hemos vivido en el engaño?
*
De pronto que se acerca un caballero, su pelo ya pintaba
algunas canas. Me dijo: le suplico, compañero, que no hable
en mi presencia de las damas.
«Mujeres Divinas», Martín Urieta
¿Qué pensaría usted si le digo que la mayor parte de las prácticas amorosas, entre ellas las más melosas y tradicionales, las que algunos sentimos sexistas y otros corteses, las que van desde el cortejo a la mujer, las flores, la búsqueda de la amada y el tratamiento privilegiado —«primero las damas»—, hasta las maneras gentiles y atentas, la preservación de la virginidad, el adulterio velado y los mensajes cifrados de las relaciones extramaritales, son un mero invento del siglo XII?
A partir de este siglo, la cultura occidental «empieza a entender el término amor en un sentido muy distinto de como lo había hecho anteriormente»,[1] se crean términos de conducta aún vigentes, pero que a un ciudadano de la Roma imperial le habrían parecido absurdos y a un hombre del lejano Oriente, poco menos que incomprensibles.
La idea del amor y el enamoramiento que hoy tenemos, que vemos en las telenovelas, en las novelas rosas tipo Corín Tellado y, sobre todo, en celebraciones como la de San Valentín —con sus cajas de chocolates, sus ositos de peluche, sus joyas en caja y las postales de «Amor es…»— derivan de esa añeja tradición medieval.
La mujer en el medioevo
Durante la Edad Media, el papel y la imagen de la mujer atravesarían por diversas concepciones —no olvidemos que es un periodo de diez siglos—: primero, la visión misógina de los padres de la Iglesia como San Antonio, San Jerónimo y Santo Tomás de Aquino, quienes la consideraban «soberana peste, puerta del infierno, amor del diablo, deficiencia de la naturaleza, larva del demonio o flecha del diablo»; luego, este desprecio cambió un poco al instaurarse la imagen de la Virgen María —la madre de Dios y sus dones: virtud y maternidad— como modelo a seguir para las religiosas y las doncellas; por último, entraría en juego una tercera concepción que vincularía a la mujer con la redención de los pecados: la de María Magdalena, con quien la imagen de lo femenino se hace más real —ya no es demonio ni santa—, más humana y más asequible: una pecadora que se puede salvar como cualquier hombre.
Es un poco lo que nos relata Dante en La divina comedia, donde nos muestra tres espacios diferentes, pero conjeturados entre sí: el infierno, Eva; el cielo, María; y el purgatorio, Magdalena.[2]
Enlaces pactados
Por otro lado, recordemos que, durante el Feudalismo, a los miembros de las familias aristocráticas se les preparaba desde la infancia para unirse en matrimonios concertados,[3] en cuyas negociaciones no podían influir.
Se pensaba que las circunstancias, la inteligencia de los esposos, la habilidad de sus familias y la discreción de los personajes de la Corte contribuirían al éxito de los mismos; pero la mayor parte de las veces la sumisión y la aceptación absoluta de esta costumbre hacían que los contrayentes vivieran una realidad conyugal atroz, distante, ajena o, simplemente, aburrida. Esto provocaba que la mujer «malmaridada» —común en esta época— buscara alternativas a su desdicha y muchas veces las encontrara en los amores secretos, prohibidos e imposibles de los sigilosos caballeros.
De guerrero a caballero
Por su parte, el hombre medieval también sufriría una transformación en su comportamiento social. Aquél que por necesidad seconvertía en guerrero para formar parte del estamento superior de la sociedad seguía un proceso evolutivo que lo llevaba de un «salvaje cubierto de hierro» a un caballero[4] refinado con una codificación de su conducta bélica y cotidiana, en sus maneras y en sus gustos. Aquellos combatientes que participaban en batallas durante los primeros siglos de la Edad Media, después de ir a las Cruzadas y tener un contacto cultural y el conocimiento de sociedades más refinadas,[5] poco a poco modificarían su comportamiento. Así, las buenas maneras, la generosidad y el refinamiento serían entonces tan o más importantes que la habilidad con las armas y el valor, tanto en la Corte, como en la convivencia de hombres y mujeres, o en las fiestas y torneos.
El amor feudal
Dentro de este contexto, en el Languedoc[6] de fines del siglo XI apareció una nueva concepción de la relación amorosa, que se llamó fin’amor y se expresó especialmente a través de la poesía de trovadores y juglares —lírica, artificiosa y enigmática[7]—, se extendió a toda Europa y, en siglos posteriores, a todo el mundo occidental.
Esta concepción expresa una forma de amor cuyas características básicas son el servicio a la dama, la cortesía en las formas, el adulterio y el amor secreto. Algo así como un «feudalismo amoroso», como bien dice Aurelio González, donde el amante es el siervo o vasallo de la dama, e incluso muchas veces se dirige a ella como midonz —«mi señor», «mi don»—. Sus virtudes son la obediencia y la aceptación; asimismo, el rito iniciático y los rituales caballerescos[8] son acciones que el amante debe realizar con su amada, lo que lo convierte en caballero porque es capaz de amar, y es el amor el que lo hace cortesano, lo que le da luz y le permite continuar.
Amor real, no platónico
Pero este fin’amor —amor cortés, servil, feudal o caballeresco, como le queramos llamar— no era, como se piensa erróneamente, ideal o platónico. La mujer se ha idealizado, pero es alcanzable. El enamorado ambiciona llegar al fach o fait,[9] —es decir, el acto amoroso—, aunque no siempre lo logra y a veces tiene que contentarse con escarceos, promesas e incluso con el coitus interruptus, pasando por todas las etapas previas, esas que señalan algunos tratadistas latinos de la época: visus —miradas—, alloquium —exhortación—, contactus —contacto—, basia —besos— y factum —acto amoroso.
Este tipo de relación amorosa exigía la discreción absoluta de los amados y los amantes, por lo que el nombre de la dama además nunca se debía hacer público por ningún motivo, bajo pena de cometer una félonie —infidelidad— que evidentemente haría indigno al caballero.1 [10]El marido no debía saber del amor de su mujer ni de su enamoramiento —recordemos que el adulterio femenino no se consideraba igual que el masculino, ya que la honra del hombre era depositada en la mujer por vía del padre que la entregaba en matrimonio—, ya que su infidelidad se buscaba y se condenaba. De hecho, Ginebra, la esposa del rey Arturo, fue una heroína porque supo ser mujer del gran héroe y a la vez desafiar su condición enamorándose de Lanzarote, caballero e ideal amoroso.
Los principios del amor
Los principios del fin’amor o amor cortés aparecen recogidos y sistematizados en el De arte honeste amandi, Ars amatoria, o De amore, de Andreas Capellanus, obra que incluye un manual de cortesía acerca de cómo se adquiere y conserva el amor, y los fallos de las Cortes de Amor, formadas por damas de alto rango como Leonor de Aquitania.[11] Entre sus principios rectores más importantes están:
* El amor no es posible en el matrimonio porque no existe libertad.
* Es insensato que la dama que no ama exija ser amada.
* Es indigno emplear un intermediario en asuntos de amor.
* Nada impide a una mujer ser amada por dos hombres, ni a un hombre por dos mujeres.
* El verdadero amante siempre está absorto por la imagen de la amada.
* No tiene ningún valor lo que el amante obtiene sin el consentimiento de la amada.
*El amor rara vez dura cuando se le divulga demasiado.
El fin del amor
Al intentar explicar por qué se construyó o se inventó el amor cortés y la lírica trovadoresca, algunos han rastreado la presencia mal interpretada de Ovidio y su Ars amatoria; sin embargo, como nos dice González, «la ironía, el interés y el realismo de sus planteamientos sobre el amor contrastan con la seriedad e idealización del tratamiento medieval». Asimismo, este tipo de exaltación sentimental, esta práctica semisecreta, idealizada y tierna era, sin duda, una evasión de la realidad conyugal y cotidiana de entonces, una reacción de escape ante un tipo de vida que no ofrecía muchas posibilidades, como podía ser la vida de la mayoría de los caballeros y de las damas mal casadas que recibían pocas atenciones por parte del marido, ya sea por diferencia de edad, por ausencia —los maridos solían partir a la guerra— o por indiferencia.
Por otra parte, en el amor cortés muchos han encontrado visos de sexismo, ya que transforma a la mujer en un ser pasivo o en un objeto, lo cual dio lugar a normas misóginas —como la limitación del campo de acción de la mujer al ámbito de la casa— que se volvieron habituales. Pero, a la vez, en esa búsqueda del amor podemos ver antecedentes de una mujer que se ve a sí misma, que se reconoce y que logra tener un desarrollo discursivo fuera del ámbito tradicional doméstico.
Lo que es un hecho es que este modelo creado en Occitania en el siglo XII sobrevivió y aún pervive en ciertas formas de cortesía y de relación —de ficción, de cine y de hecho— en nuestros días. González nos dice: «De muchas formas, la dama y el caballero se siguen ocultando dentro de cada uno de nosotros, y aparecen en los momentos más insospechados». Y eso sigue siendo cierto. Piense usted si no.
[1] Aurelio González, «De amor y matrimonio en la Europa medieval» en Amor y cultura en la Edad Media, Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México: México, 1991; pp. 29-42.
[2] Alberto Hurtado, Algunas pinceladas de amor cortesano, Conferencia sobre Literatura Medieval, Departamento de Filosofía y Humanidades, Madrid: Universidad Complutense, 2005.
[3] v. Algarabía 3, enero-marzo 2002, Ideas: «Mil años de matrimonio»; pp. 17-23. También El libro de todo, como en botica IV—del placer a la invención—, Colección Algarabía, México: Editorial Lectorum y Otras Inquisiciones; pp. 57 -67.
[4] . Algarabía 31, febrero 2007, Ideas: «Caballeros y damas»; pp. 23-29. También El libro de todo como en botica i, Colección Algarabía, México: Editorial Lectorum y Otras Inquisiciones; pp. 161-167.
[5] Cf. Jacques Lafitte-Houssat, Trovadores y Cortes de Amor, eude.
[6] Languedoc es una región de Occitania —sur de Francia—, antiguamente llamada Gotia o región Narbonense. Languedoc alude al idioma vernáculo de esta región: «lengua de oc», que viene de la palabra oc —y ésta del latín hoc, que significa «sí».
[7] Los juglares fueron los transmisores fundamentales de la cultura durante la Edad Media, ya que difundían técnicas musicales y poéticas, noticias, acontecimientos sociales y vivencias personales en un mundo de gente analfabeta cuya única tradición era la oral. v. Algarabía 25, mayo 2006, Causas y azares: «Músicos trashumantes»; pp. 46-49.
[8] Los rituales del vasallo y del amor se asimilan y así encontramos actos como la Immixtio manuum, en la que el Señor toma entre sus manos las del vasallo; el volo, donde el vasallo expresa su voluntad y su fidelidad, y el osculum, beso de confirmación de las obligaciones contraídas.
[9] «Hecho», en lengua occitana o languedoc.
[10] ¿Derivará de este precepto aquella frase de «Los caballeros no tienen memoria»?
[11] Leonor de Aquitania (1122-1204) fue nieta del gran Guillermo IX —primer trovador, patrono de trovadores, pintores y pensadores— y madre de Ricardo «Corazón de León»; además, fue dos veces reina, musa de trovadores y bardos bretones, compositora, y sin duda la responsable de que la historia del ciclo
La invención del amor
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6 feb 2011
4 nov 2010
El porqué las mujeres rehuyen de los hombres necesitados de Aaron Mijatovic, el jueves, 04 de noviembre de 2010 a las 22:56
En el sistema límbico del cerebro se libera una hormona especial llamada oxitocina. Esto sucede en una parte del cerebro en la que sentimos el placer emocional, pero tras una ruptura o un lapsus sexual de más de 3 semanas, esta hormona cambia su aspecto, se vuelve toxico al olfato femenino y se multiplica al grado de que el cuerpo incluso la llega a expulsar a través del sudor nervioso al estar frente a una chica sexy o de lágrimas al buscar compasión; en ciertos casos se aloja totalmente en el semen, alejando por completo a la mujer en una noche exitosa (se ha detectado que ni el látex la pueda detener). La oxitocina, que en casos normales hace que la pareja se sienta más vinculada y cercana emocionalmente llega a mutar de otra forma también según algunos científicos, cuando la mujer se siente muy conversadora, es entonces cuando cambia a estrógeno y mezclada puede provocarle al hombre una necesidad incontenible de dormir o de platicar como una loca, obteniendo nada más que una bonita amistad.
Todos sabemos que podemos tener relaciones sexuales sin enamorarnos, pero la falta de éstas o si se tuvieron suficientes relaciones con la misma persona a la cual se perdió, dan muchas posibilidades de que esta bomba de relojería de hormonas nos haga perder la cabeza y actuar de forma extraña (llamadas a ex-novias, relaciones sexuales no deseadas con personas no deseadas, etc). El cuerpo hace lo posible por unirnos a una o varias parejas, pero eso precisamente lo convierte en una gran adicción.
Todo aquello que tiene que ver con el amor, desde el curioso hasta el causado por una baja autoestima, ha hecho también de que algunos logren permanecer infelices por décadas con la misma pareja, o que otros sean incapaces de jamás forjar una relación, es culpa de esta peculiar hormona..... La oxitocina apendejadus (la oxitocina cambiada)
Al parecer, las cosas del amor son algo simple. Según el experto en el cerebro de la Universidad de Edimburgo,el Británico-Argentino Dale de la Concha, la hormona "oxitocina apendejadus" crea bloqueos al conocer a una fémina simplemente porque La hormona actúa "cambiando las conexiones" de los miles de millones de circuitos cerebrales de la dama. Al explicar cómo rehuyen de manera aberrante las damas, De la concha señala que la "oxitocina apendejadus" se suelta del cuerpo varonil de muchísimas formas, incluso se llega a demostrar en acciones producidas involuntariamente como dedicarle una canción de reguetón una dama, decirle "te pareces a mi mamá" o no controlar la mirada cuando ésta cae en el escote de una chica.... entre otras cosas, y se produce tanto virtual como físicamente (incluye el facebook).
Mientras que el instinto de no reproducirnos nos hace sentir la pasión del amor, en el caso contrario, cuando lo perdemos, podemos acabar sintiéndonos deprimidos, comprando revistas, viendo televisión a altas horas de la noche (ciertos canales así como ciertas revistas) o llegar a la pérdida total del autoestima ocasionando esto actitudes obsesivas como mandar 100 correos y/o sms diarios a una persona o siendo rehenes de mujeres carentes de....pues, todo.
Pero.... Es el amor para toda la vida o es sólo un sistema de defensa que asegura la supervivencia de la especie humana?. Podemos recurrir a extraños seres del tipo Paulo Coelho en lo que nuestro cuerpo deja de segregar esta desagradable hormona (cabe destacar que estos seres funcionan como placebo). El cómo, depende de lo que los científicos nunca podrán explicar.... El tiempo y sus necedades.
24 jul 2010
13 oct 2009
Los dolorosos 30's
Esta día he recordado una película que vi hace un par de años atrás y creo que se pueden sacar algunas ideas interesantes acerca del tema:
En el fondo, no hay nada que hacer. Siempre tendrás dieciocho, porque eres joven sólo una vez, pero inmaduro para siempre.
No hay instrucciones para cumplir treinta. Pero si las hubiera, serían estas:
- Haz una lista de todo lo que no te gusta de ti y luego tirala. Eres el que eres. Y después de todo, no es tan malo como te imaginas un domingo de cruda.
- Tira el equipaje de sobra. El viaje es largo, cargar no te deja mirar hacia delante. Y además jode la espalda.
- No sigas modas. En diez años te vas a morir de vergüenza de haberte puesto eso, de todas maneras.
- Besa a tantas como puedas. Deja que te rompan el corazón. Enamorarte, Date en la madre, y vuelve a levantarte. Quizás hay un amor verdadero. Quizás no. Pero mientras lo encuentras, lo bailado ni quién te lo quita.
- Come frutas y verduras. Neta, vete acostumbrando a que no vas a poder tragar garnachas toda la vida.
- Equivocate. Cambia. Intenta. Falla. Re-inventate. Manda todo al carajo y empieza de nuevo cada vez que sea necesario. De veras, no pasa nada. Sobre todo si no haces nada.
- Prueba otros sabores de helado. Otras cervezas, otras pastas de dientes.
- Arranca el coche un día, y no pares hasta que se acabe la gasolina.
- Empieza un grupo de rock. Toma clases de baile. Aprende italiano. Inventate otro nombre. Usa una bicicleta.
- Perdona. Olvida. Deja ir.
- Decide quién es imprescindible. Mientras más grande eres más difícil es hacer amigos de verdad, y más necesitas quien sepa quién eres realmente sin que tengas que explicárselo. Esos son los amigos. Cuídalos y mantenlos cerca
En el fondo, no hay nada que hacer. Siempre tendrás dieciocho, porque eres joven sólo una vez, pero inmaduro para siempre.
No hay instrucciones para cumplir treinta. Pero si las hubiera, serían estas:
- Haz una lista de todo lo que no te gusta de ti y luego tirala. Eres el que eres. Y después de todo, no es tan malo como te imaginas un domingo de cruda.
- Tira el equipaje de sobra. El viaje es largo, cargar no te deja mirar hacia delante. Y además jode la espalda.
- No sigas modas. En diez años te vas a morir de vergüenza de haberte puesto eso, de todas maneras.
- Besa a tantas como puedas. Deja que te rompan el corazón. Enamorarte, Date en la madre, y vuelve a levantarte. Quizás hay un amor verdadero. Quizás no. Pero mientras lo encuentras, lo bailado ni quién te lo quita.
- Come frutas y verduras. Neta, vete acostumbrando a que no vas a poder tragar garnachas toda la vida.
- Equivocate. Cambia. Intenta. Falla. Re-inventate. Manda todo al carajo y empieza de nuevo cada vez que sea necesario. De veras, no pasa nada. Sobre todo si no haces nada.
- Prueba otros sabores de helado. Otras cervezas, otras pastas de dientes.
- Arranca el coche un día, y no pares hasta que se acabe la gasolina.
- Empieza un grupo de rock. Toma clases de baile. Aprende italiano. Inventate otro nombre. Usa una bicicleta.
- Perdona. Olvida. Deja ir.
- Decide quién es imprescindible. Mientras más grande eres más difícil es hacer amigos de verdad, y más necesitas quien sepa quién eres realmente sin que tengas que explicárselo. Esos son los amigos. Cuídalos y mantenlos cerca
Las tendencias sociosexuales de los seres humanos son un legado de la evolución
Las tendencias socio-sexuales de los seres humanos son un legado de la evolución
Un estudio liderizado por Lynda Boothroyd y publicado en el New Scientist por Mairi MCLeod demuestra como los seres humanos pueden desarrollar estrategias sexuales con sólo observar fotografías de caras reales o ‘composites’ de varios rostros. De acuerdo a su orientación socio-sexual, los individuos fueron divididos en ‘restrictos’, aquellos que prefieren relaciones duraderas, e ‘irrestrictos’, los que están abiertos a relaciones casuales.
Los voluntarios fueron capaces de identificar individuos restrictos e irrestrictos de las fotos. La socio-sexualidad irrestricta generalmente estuvo asociada con mayor atracción en las fotos de mujeres y con una mayor masculinidad en los ‘composites’ masculinos.
Los resultados concluyeron que la androgenización del hombre está relacionada con conductas menos restrictas y sugieren que las mujeres son reacias a los hombres irrestrictos.
La foto muestra restrictos a la izquierda e irrestrictos a la derecha (Foto: ‘Evolution and Human Behavior’).
La liberación sexual, a la luz de la ciencia
La Nación
Domingo 14 de diciembre de 2008
Mairi MCLeod
New Scientist 26/11/2008
Numerosos estudios intentan explicar la variedad de estrategias que hombres y mujeres ponen en práctica para relacionarse
LONDRES.- Algunas personas se ufanan de su reputación de casanovas; otras proclaman orgullosamente su castidad. La mayoría prefiere no hacer públicas sus preferencias sexuales, pero incluso si piensa que su actitud frente al sexo es un asunto privado, considere esto. Este año, Lynda Boothroyd, de la Universidad de Durham, Gran Bretaña, y sus colegas publicaron un estudio que muestra que la mayor parte de los hombres y las mujeres con sólo mirar una fotografía de su rostro pueden juzgar correctamente si una persona será buena candidata para una relación duradera o simplemente para un escarceo.
Cómo exactamente es que podemos saberlo, basándonos en tan poca información, está abierto a debate, pero el trabajo de Boothroyd demostró algo. Que los hombres que eran descriptos como más “masculinos” y las mujeres consideradas más “atractivas” tendían a ser percibidos como más propensos al sexo casual, y a serlo en la realidad.
Este sorprendente talento para leer correctamente las actitudes sexuales de la gente tiene un beneficio obvio: permite que nos acerquemos a personas que desean el mismo tipo de relaciones que uno. También nos lleva a preguntarnos por qué hay tanta variedad de actitudes frente al sexo. ¿Qué es lo que lleva a algunas personas a refrenarse sexualmente y a otras a ser promiscuas? ¿Cuánto depende de factores tales como la cultura, educación, personalidad, edad o género?
Cuestión de actitud
Entre los primeros que observaron científicamente las actitudes sexuales están los psicólogos evolucionistas Jeffry Simpson, de la Universidad de Texas A&M, y Steven Gangestad, de la de Nuevo México.
Descubrieron que ciertos comportamientos varían en forma conjunta: las personas que tienden a tener más parejas sexuales, en general, comienzan a tener sexo más temprano, son más propensas a tener más de una pareja sexual al mismo tiempo y sus relaciones se caracterizan por bajos niveles de compromiso, amor y dependencia.
En general, los hombres obtienen puntajes mayores en la escala de la sociosexualidad que las mujeres, y los biólogos evolucionistas sostienen que hay buenas razones para esto. Aunque los hombres invierten mucho en su descendencia, lo único que tienen que hacer para ser padres es tener sexo. Con lo cual hubo poderosas presiones a lo largo de la evolución para que estén dispuestos a mantener relaciones de corto plazo. Las mujeres, por su parte, pagan los altos costos del embarazo y el amamantamiento, además del cuidado de los niños. Por eso es mejor que sean altamente selectivas con respecto a sus compañeros sexuales, porque corren el riesgo de quedar solas y con el bebe.
Desenfreno femenino
Claro que las cosas no son tan simples. Las mujeres pueden ser tan desenfrenadas en el sexo como los hombres. En efecto, con respecto a los puntajes de sociosexualidad hay más variación dentro del mismo género que entre ellos.
Diversos estudios han mostrado que las mujeres son más propensas a tener aventuras mientras están ovulando, aunque no sea una decisión consciente, lo que puede tener ventajas biológicas y evolutivas. Además, agrega David Schmitt, de la Universidad de Bradley, Illinois, las mujeres prefieren a los hombres que se ven más masculinos y simétricos, dos características indicadoras ambas de buenos genes.
Doble estrategia
Puede ser que ellas mantengan una doble estrategia, sostiene Schmitt. “Los bebes necesitan mucha atención y cuidado, con lo cual se crean las parejas entre hombres y mujeres para poder criarlos; pero las mujeres pueden, además, obtener buenos genes, mejores que los de su marido, con sólo sostener una relación de corta duración justo antes de ovular.”
Schmitt reunió información acerca del comportamiento sexual de hombres y mujeres de 48 países de todo el mundo y descubrió que mientras la promiscuidad masculina tiene un pico hacia el final de la tercera década de vida, las mujeres tienden a ser infieles a sus parejas entre los 30 y los 35. “Este es el punto en que las oportunidades de concebir empiezan a descender, y suben las de tener hijos con problemas”, explica. Schmitt sostiene que el que la sociosexualidad aumente en este momento de la vida de las mujeres refleja una estrategia evolutiva para maximizar las posibilidades de concebir y parir un niño saludable.
Experiencias tempranas
Puede que haya un tiempo durante el cual a las mujeres les sirve ser sexualmente liberadas, pero ¿qué hace que algunas mujeres sean más propensas a ser infieles en cualquier momento que otras?
Uno de los factores que entran en juego es la personalidad. De acuerdo con Daniel NettleNewcastle, Gran Bretaña, el hombre o mujer promiscuo será muy extrovertido, poco neurótico y no muy agradable; o sea que no le preocupará lastimar o engañar al otro. Nuestra sociosexualidad también puede estar influida por nuestra historia familiar temprana. Los conflictos matrimoniales de nuestros padres pueden enviarnos el mensaje de que no vale la pena esperar una relación duradera.
“Una mala relación entre los padres durante los primeros cuatro años de edad puede aumentar las posibilidades de que los hijos experimenten pubertad temprana y liberación sexual a los 15″, opina Jay Belsky, psicóloga del Colegio Birkbeck, de Londres.
Padres de familia
El investigador Peter Gray, de la Universidad de Nevada, en Las Vegas, y sus colegas realizaron un estudio que mostró que los hombres casados y con hijos tenían menos testosterona en su saliva. Dado que en los mamíferos la testosterona está asociada con el comportamiento competitivo y de apareamiento, los investigadores proponen que el descenso de la testosterona en los padres les permite canalizar más energía en sus descendientes.
En otro estudio, Gray descubrió que los hombres casados en busca de aventuras extramatrimoniales tenían altos niveles de testosterona. Lo que no se sabe es si los que tienen menos cantidad de esta hormona tienden a buscar relaciones monógamas, o si estar involucrado en ese tipo de relaciones hace que decaiga su nivel. Aparentemente, altos niveles de testosterona confieren una apariencia masculina muy atractiva para mujeres que están buscando relaciones pasajeras.
La economía del amor
¿Y qué ocurre con las mujeres particularmente atractivas? El estudio de Boothroyd halló que son las que tienen una más alta sociosexualidad, aunque otros trabajos indican que generalmente el nivel de liberación sexual de las mujeres no está relacionado con su aspecto físico.
Para Schmitt, las mujeres evolucionaron para aprovechar los beneficios de las relaciones pasajeras tanto como los hombres y cuando las sociedades sean más igualitarias podrán expresar sus preferencias.
Fhionna Moore, de la Universidad St. Andrews, en Gran Bretaña, mostró que el nivel económico femenino también afecta su elección sexual. Encontró que las mujeres de altos ingresos tienden a otorgarle más importancia a la atracción física del hombre que a sus perspectivas financieras. Hace notar que la explosión de la industria de la estética masculina puede deberse al creciente poder económico femenino.
Claramente, la evolución cultural está trayendo cambios en el comportamiento humano. Pero ¿debemos esperar a que algún día mujeres y hombres tengan las mismas actitudes hacia el sexo? “En algunos países, ya hoy las mujeres podrían sobrepasar a los hombres -dice Schmitt-. Pero no nos podemos olvidar de que ellas son las que se embarazan y se ocupan de los bebes. Es difícil imaginar que alguna vez desaparezcan todas las diferencias entre lo que hombres y mujeres buscan en una relación.”
Pulsa aquí para ir New Scientist ‘The dizzying diversity of human sexual strategies’
Resumen del trabajo científico:
Facial correlates of sociosexuality
Lynda G. Boothroyda, Benedict C. Jonesa, Michael Burta, Lisa M. DeBruine, David I. Perretta.
Previous studies have documented variation in sexual behaviour between individuals leading to the notion of ‘restricted’ individuals (i.e., people who prefer long-term relationships) and ‘unrestricted’ individuals (i.e., people who are open to short-term relationships). This distinction is often referred to as sociosexual orientation. Observers have been previously found to distinguish sociosexuality from video footage of individuals, although the specific cues used have not been identified. Here we assessed the ability of observers to judge sexual strategy based specifically on cues in both facial composites and real faces. We also assessed how observers’ perceptions of the
masculinity/femininity and attractiveness of faces relate to the sociosexual orientation of the pictured individuals. Observers were generally able to identify restricted vs. unrestricted individuals from cues in both composites and real faces. Unrestricted sociosexuality was generally associated with greater attractiveness in female composites and real female faces and greater masculinity in male composites. Although male observers did not generally associate sociosexuality with male attractiveness, female observers generally preferred more restricted males’ faces (i.e., those with relatively strong preferences for long-term relationships). Collectively, our results support previous findings that androgenisation in men is related to less restricted sexual behaviour and suggest that women are averse to unrestricted men.
Pulsa aquí para descargar el PDF del artículo
¿Cuál es su puntaje?
La Nación
Domingo 14 de diciembre de 2008
El test de orientación sociosexual otorga un puntaje de acuerdo con las diferentes actitudes individuales ante las relaciones sexuales. A las preguntas que no tienen indicación les corresponde un punto. Las personas que obtienen puntajes altos tienden a ser más promiscuas que las que obtienen puntajes bajos.
1) ¿Con cuántas parejas tuvo relaciones sexuales durante el año último? 2) ¿Con cuántas diferentes parejas se ve teniendo relaciones sexuales en los próximos cinco años?
Por favor, haga una estimación específica y realista, con un máximo de 30.
3) ¿Con cuántas parejas tuvo relaciones sexuales en una sola ocasión?
4)¿Con cuánta frecuencia tiene fantasías de mantener relaciones sexuales con alguien que no sea su actual pareja?
Asígnese un puntaje entre 1 (nunca) y 8 (una vez por día).
5) Está bien tener relaciones sexuales sin amor.
Asígnese 1(para absolutamente en desacuerdo) y 8 (para absolutamente de acuerdo).
6)Puedo imaginarme a mí mismo/a sintiéndome cómodo/a y disfrutando del sexo casual con diferentes parejas.
Igual escala de puntaje que en el ítem 5.
7) Tendría que sentirme profundamente unido/a a alguien (tanto emocional como psicológicamente) antes de que pudiera sentirme cómodo/a teniendo relaciones con él o ella.
Utilice un puntaje que vaya entre 1 (absolutamente de acuerdo) al 9 (absolutamente en desacuerdo)
Un estudio liderizado por Lynda Boothroyd y publicado en el New Scientist por Mairi MCLeod demuestra como los seres humanos pueden desarrollar estrategias sexuales con sólo observar fotografías de caras reales o ‘composites’ de varios rostros. De acuerdo a su orientación socio-sexual, los individuos fueron divididos en ‘restrictos’, aquellos que prefieren relaciones duraderas, e ‘irrestrictos’, los que están abiertos a relaciones casuales.
Los voluntarios fueron capaces de identificar individuos restrictos e irrestrictos de las fotos. La socio-sexualidad irrestricta generalmente estuvo asociada con mayor atracción en las fotos de mujeres y con una mayor masculinidad en los ‘composites’ masculinos.
Los resultados concluyeron que la androgenización del hombre está relacionada con conductas menos restrictas y sugieren que las mujeres son reacias a los hombres irrestrictos.
La foto muestra restrictos a la izquierda e irrestrictos a la derecha (Foto: ‘Evolution and Human Behavior’).
La liberación sexual, a la luz de la ciencia
La Nación
Domingo 14 de diciembre de 2008
Mairi MCLeod
New Scientist 26/11/2008
Numerosos estudios intentan explicar la variedad de estrategias que hombres y mujeres ponen en práctica para relacionarse
LONDRES.- Algunas personas se ufanan de su reputación de casanovas; otras proclaman orgullosamente su castidad. La mayoría prefiere no hacer públicas sus preferencias sexuales, pero incluso si piensa que su actitud frente al sexo es un asunto privado, considere esto. Este año, Lynda Boothroyd, de la Universidad de Durham, Gran Bretaña, y sus colegas publicaron un estudio que muestra que la mayor parte de los hombres y las mujeres con sólo mirar una fotografía de su rostro pueden juzgar correctamente si una persona será buena candidata para una relación duradera o simplemente para un escarceo.
Cómo exactamente es que podemos saberlo, basándonos en tan poca información, está abierto a debate, pero el trabajo de Boothroyd demostró algo. Que los hombres que eran descriptos como más “masculinos” y las mujeres consideradas más “atractivas” tendían a ser percibidos como más propensos al sexo casual, y a serlo en la realidad.
Este sorprendente talento para leer correctamente las actitudes sexuales de la gente tiene un beneficio obvio: permite que nos acerquemos a personas que desean el mismo tipo de relaciones que uno. También nos lleva a preguntarnos por qué hay tanta variedad de actitudes frente al sexo. ¿Qué es lo que lleva a algunas personas a refrenarse sexualmente y a otras a ser promiscuas? ¿Cuánto depende de factores tales como la cultura, educación, personalidad, edad o género?
Cuestión de actitud
Entre los primeros que observaron científicamente las actitudes sexuales están los psicólogos evolucionistas Jeffry Simpson, de la Universidad de Texas A&M, y Steven Gangestad, de la de Nuevo México.
Descubrieron que ciertos comportamientos varían en forma conjunta: las personas que tienden a tener más parejas sexuales, en general, comienzan a tener sexo más temprano, son más propensas a tener más de una pareja sexual al mismo tiempo y sus relaciones se caracterizan por bajos niveles de compromiso, amor y dependencia.
En general, los hombres obtienen puntajes mayores en la escala de la sociosexualidad que las mujeres, y los biólogos evolucionistas sostienen que hay buenas razones para esto. Aunque los hombres invierten mucho en su descendencia, lo único que tienen que hacer para ser padres es tener sexo. Con lo cual hubo poderosas presiones a lo largo de la evolución para que estén dispuestos a mantener relaciones de corto plazo. Las mujeres, por su parte, pagan los altos costos del embarazo y el amamantamiento, además del cuidado de los niños. Por eso es mejor que sean altamente selectivas con respecto a sus compañeros sexuales, porque corren el riesgo de quedar solas y con el bebe.
Desenfreno femenino
Claro que las cosas no son tan simples. Las mujeres pueden ser tan desenfrenadas en el sexo como los hombres. En efecto, con respecto a los puntajes de sociosexualidad hay más variación dentro del mismo género que entre ellos.
Diversos estudios han mostrado que las mujeres son más propensas a tener aventuras mientras están ovulando, aunque no sea una decisión consciente, lo que puede tener ventajas biológicas y evolutivas. Además, agrega David Schmitt, de la Universidad de Bradley, Illinois, las mujeres prefieren a los hombres que se ven más masculinos y simétricos, dos características indicadoras ambas de buenos genes.
Doble estrategia
Puede ser que ellas mantengan una doble estrategia, sostiene Schmitt. “Los bebes necesitan mucha atención y cuidado, con lo cual se crean las parejas entre hombres y mujeres para poder criarlos; pero las mujeres pueden, además, obtener buenos genes, mejores que los de su marido, con sólo sostener una relación de corta duración justo antes de ovular.”
Schmitt reunió información acerca del comportamiento sexual de hombres y mujeres de 48 países de todo el mundo y descubrió que mientras la promiscuidad masculina tiene un pico hacia el final de la tercera década de vida, las mujeres tienden a ser infieles a sus parejas entre los 30 y los 35. “Este es el punto en que las oportunidades de concebir empiezan a descender, y suben las de tener hijos con problemas”, explica. Schmitt sostiene que el que la sociosexualidad aumente en este momento de la vida de las mujeres refleja una estrategia evolutiva para maximizar las posibilidades de concebir y parir un niño saludable.
Experiencias tempranas
Puede que haya un tiempo durante el cual a las mujeres les sirve ser sexualmente liberadas, pero ¿qué hace que algunas mujeres sean más propensas a ser infieles en cualquier momento que otras?
Uno de los factores que entran en juego es la personalidad. De acuerdo con Daniel NettleNewcastle, Gran Bretaña, el hombre o mujer promiscuo será muy extrovertido, poco neurótico y no muy agradable; o sea que no le preocupará lastimar o engañar al otro. Nuestra sociosexualidad también puede estar influida por nuestra historia familiar temprana. Los conflictos matrimoniales de nuestros padres pueden enviarnos el mensaje de que no vale la pena esperar una relación duradera.
“Una mala relación entre los padres durante los primeros cuatro años de edad puede aumentar las posibilidades de que los hijos experimenten pubertad temprana y liberación sexual a los 15″, opina Jay Belsky, psicóloga del Colegio Birkbeck, de Londres.
Padres de familia
El investigador Peter Gray, de la Universidad de Nevada, en Las Vegas, y sus colegas realizaron un estudio que mostró que los hombres casados y con hijos tenían menos testosterona en su saliva. Dado que en los mamíferos la testosterona está asociada con el comportamiento competitivo y de apareamiento, los investigadores proponen que el descenso de la testosterona en los padres les permite canalizar más energía en sus descendientes.
En otro estudio, Gray descubrió que los hombres casados en busca de aventuras extramatrimoniales tenían altos niveles de testosterona. Lo que no se sabe es si los que tienen menos cantidad de esta hormona tienden a buscar relaciones monógamas, o si estar involucrado en ese tipo de relaciones hace que decaiga su nivel. Aparentemente, altos niveles de testosterona confieren una apariencia masculina muy atractiva para mujeres que están buscando relaciones pasajeras.
La economía del amor
¿Y qué ocurre con las mujeres particularmente atractivas? El estudio de Boothroyd halló que son las que tienen una más alta sociosexualidad, aunque otros trabajos indican que generalmente el nivel de liberación sexual de las mujeres no está relacionado con su aspecto físico.
Para Schmitt, las mujeres evolucionaron para aprovechar los beneficios de las relaciones pasajeras tanto como los hombres y cuando las sociedades sean más igualitarias podrán expresar sus preferencias.
Fhionna Moore, de la Universidad St. Andrews, en Gran Bretaña, mostró que el nivel económico femenino también afecta su elección sexual. Encontró que las mujeres de altos ingresos tienden a otorgarle más importancia a la atracción física del hombre que a sus perspectivas financieras. Hace notar que la explosión de la industria de la estética masculina puede deberse al creciente poder económico femenino.
Claramente, la evolución cultural está trayendo cambios en el comportamiento humano. Pero ¿debemos esperar a que algún día mujeres y hombres tengan las mismas actitudes hacia el sexo? “En algunos países, ya hoy las mujeres podrían sobrepasar a los hombres -dice Schmitt-. Pero no nos podemos olvidar de que ellas son las que se embarazan y se ocupan de los bebes. Es difícil imaginar que alguna vez desaparezcan todas las diferencias entre lo que hombres y mujeres buscan en una relación.”
Pulsa aquí para ir New Scientist ‘The dizzying diversity of human sexual strategies’
Resumen del trabajo científico:
Facial correlates of sociosexuality
Lynda G. Boothroyda, Benedict C. Jonesa, Michael Burta, Lisa M. DeBruine, David I. Perretta.
Previous studies have documented variation in sexual behaviour between individuals leading to the notion of ‘restricted’ individuals (i.e., people who prefer long-term relationships) and ‘unrestricted’ individuals (i.e., people who are open to short-term relationships). This distinction is often referred to as sociosexual orientation. Observers have been previously found to distinguish sociosexuality from video footage of individuals, although the specific cues used have not been identified. Here we assessed the ability of observers to judge sexual strategy based specifically on cues in both facial composites and real faces. We also assessed how observers’ perceptions of the
masculinity/femininity and attractiveness of faces relate to the sociosexual orientation of the pictured individuals. Observers were generally able to identify restricted vs. unrestricted individuals from cues in both composites and real faces. Unrestricted sociosexuality was generally associated with greater attractiveness in female composites and real female faces and greater masculinity in male composites. Although male observers did not generally associate sociosexuality with male attractiveness, female observers generally preferred more restricted males’ faces (i.e., those with relatively strong preferences for long-term relationships). Collectively, our results support previous findings that androgenisation in men is related to less restricted sexual behaviour and suggest that women are averse to unrestricted men.
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¿Cuál es su puntaje?
La Nación
Domingo 14 de diciembre de 2008
El test de orientación sociosexual otorga un puntaje de acuerdo con las diferentes actitudes individuales ante las relaciones sexuales. A las preguntas que no tienen indicación les corresponde un punto. Las personas que obtienen puntajes altos tienden a ser más promiscuas que las que obtienen puntajes bajos.
1) ¿Con cuántas parejas tuvo relaciones sexuales durante el año último? 2) ¿Con cuántas diferentes parejas se ve teniendo relaciones sexuales en los próximos cinco años?
Por favor, haga una estimación específica y realista, con un máximo de 30.
3) ¿Con cuántas parejas tuvo relaciones sexuales en una sola ocasión?
4)¿Con cuánta frecuencia tiene fantasías de mantener relaciones sexuales con alguien que no sea su actual pareja?
Asígnese un puntaje entre 1 (nunca) y 8 (una vez por día).
5) Está bien tener relaciones sexuales sin amor.
Asígnese 1(para absolutamente en desacuerdo) y 8 (para absolutamente de acuerdo).
6)Puedo imaginarme a mí mismo/a sintiéndome cómodo/a y disfrutando del sexo casual con diferentes parejas.
Igual escala de puntaje que en el ítem 5.
7) Tendría que sentirme profundamente unido/a a alguien (tanto emocional como psicológicamente) antes de que pudiera sentirme cómodo/a teniendo relaciones con él o ella.
Utilice un puntaje que vaya entre 1 (absolutamente de acuerdo) al 9 (absolutamente en desacuerdo)
Mujeres tienen 237 razones para copular
Cita
Mujeres tienen 237 razones para copular
Ediciones Impresas Milenio
Las motivaciones van desde el placer hasta la venganza, afirma estudio
Mujeres tienen 237 razones para copular
La vieja noción según la cual lo hacen por amor queda rota, al revelarse que buscan en el sexo beneficios genéticos o de recursos; incluso, dicen, “hay muy pocas cosas” por las que no recurren a él.
2009-09-29•Tendencias
El acto sexual se ofrece a veces como una moneda de
intercambio. Foto: Arlen Roche
El amor está ahí, pero no en la versión rosa de las novelas románticas, sino en una más pragmática y utilitarista: el sexo no es la puerta al cielo sino el pasaporte al éxito evolutivo, a la conservación de la pareja o a la satisfacción de impulsos que van desde necesidades directas (drogas, dinero, un auto nuevo) hasta motivaciones auténticamente malas: pegarle al tipo una enfermedad venérea.
Esto y mucho más, dice Tanya Gold en The Guardian, puede hallarse en las 336 páginas del libro Por qué las mujeres tienen sexo: cómo entender las motivaciones sexuales, desde la aventura hasta la venganza (y todo lo demás), que hoy sale a la venta en su edición en inglés.
La descripción del libro señala que los autores se meten en el uso del sexo como táctica defensiva contra la infidelidad de la pareja (por protección), como mecanismo para estimular el amor propio (por estatus), como arma de negociación de bienes (para adquirir recursos) o incluso como terapia contra los dolores de cabeza (como medicina).
A juzgar por su extensa reseña, y a pesar de sus temores, se trata de un título que sin duda será muy comentado, porque no se trata de un simple volumen fruto de una campaña de mercadotecnia. Cindy M. Meston, una psicóloga clínica, y David M. Buss, un psicólogo evolucionista, exprimieron 237 razones concretas por las que las mujeres tienen sexo después de entrevistar a más de mil mujeres acerca de lo que las motiva para copular.
“De los montones de confesiones”, escribió Gold, “resulta que las mujeres tienen sexo por razones físicas, emocionales y materiales: para impulsar su autoestima, para conservar a sus amantes o porque son violadas o inducidas. ¿Amor? Eso es una canción. Ahora estamos entre los simios malos”.
Gold habló con Meston acerca de por qué no se había hablado antes de las motivaciones detrás del sexo, si por décadas se hicieron estudios relacionados con el sexo (Kinsey, Masters & Johnson). Y según la psicóloga, lo cierto es que se había dado por sentado. “La gente simplemente supuso que la respuesta era obvia”.
Pero los datos que Meston y Buss extrajeron de su pila de entrevistas los sorprendieron incluso a ellos, por la gran diversidad de respuestas: las mujeres tienen sexo para sentirse bien, para buscar un ascenso, para obtener dinero o drogas, para regatear, para vengarse, para desquitarse de una pareja que las engañó, para que sus parejas se sientan mal...
“Las mujeres”, le dijo Meston, “pueden usar el sexo en cada fase de la relación, desde atraer al hombre a la relación hasta tratar de conservarlo de modo que se sienta satisfecho y no se distraiga. O por deber. O para librarse de él o para hacerlo sentir celos”.
El inventario de razones llega hasta extremos de perversidad. ¿Una motivación malvada? “Querer pasarle a alguien una infección de transmisión sexual”, le dijo Meston a Tanya Gold.
El volumen explica que las mujeres buscan dos tipos de beneficios: genéticos o de recursos. Los primeros son los genes que producen bebés sanos, mejorar la especie, pues. Los segundos son bienes útiles para proteger a los dichos bebés sanos. Por eso, comenta Gold, a veces a las mujeres les gustan hombres que tienen bienes raíces.
¿Soñando con un príncipe azul? La respuesta es más variada y pragmática. Foto: Archivo
Así pues, a las mujeres les atraen los hombres tipo George Clooney o Antonio Banderas porque su porte habla de buenos genes para pasar a la siguiente generación. Pero también los hombres ricos, de buen humor, bondadosos, porque proveen recursos para la familia. Y algunas incluso se casan con contadores, dice la periodista. ¿Por qué? Porque es difícil capturar parejas de nivel Clooney o Banderas, que además tenderán a ser chicos malos y mujeriegos. Según las autores, las mujeres pueden transigir y usar el sexo para atrapar parejas no tan deslumbrantes pero más fieles: sacrificar los beneficios genéticos por los beneficios de recursos.
¿Cuál sería la razón principal por la que tienen sexo las mujeres? La respuesta más común: la búsqueda de orgasmos, el mero placer físico. ¿Y la razón número dos? Aquí sí sería el amor romántico. Gold apunta que “las mujeres dicen que usan el sexo para expresar amor, y para obtenerlo, y para tratar de conservarlo”.
El libro define al amor de manera transaccional, señalando que es una especie de “seguro de compromiso de largo plazo”, una póliza que reduce el riesgo de abandono. Pero gracias a los químicos cerebrales, una persona enamorada está técnicamente en estado de locura.
Como dato enfriador de entusiasmo, los autores señalan que están enamoradas 73 por ciento de las mujeres rusas y 63 por ciento de las japonesas. Pero no son igualmente correspondidas: sólo están enamorados 61 por ciento de los rusos y 41 por ciento de los nipones. “Lo cual significa”, dice Gold, “que 12 por ciento de las rusas y 22 por ciento de las japonesas están desperdiciando su tiempo”.
El libro detalla más razones por las que las mujeres tienen sexo: para robarse hombres deseables vinculados en otras relaciones; para cuidar de la pareja, es decir, para evitar que vayan a buscar el sexo fuera del tálamo; por deber; para practicar o aprender técnicas sexuales; incluso por piedad ante el desamparado.
Buss le dijo a la periodista que otro grupo importante de razones tiene que ver con lo que llama la “economía sexual”: muchas mujeres intercambian sexo por bienes: drogas, un bolso nuevo, un trabajo, ¡incluso para que su pareja pode el jardín o saque la basura!
Gold lo resume así: “Hay muy pocas cosas para las que (las mujeres) no recurriremos al sexo”.
Química medicinal
De acuerdo con el libro de Meston & Buss, sexo y amor son un coctel benéfico para que las mujeres se sientan bien, más allá de la recompensa emocional, gracias a los químicos que secreta el cerebro.
El enamoramiento libera dopamina, norepinefrina y feniletilamina, los cuales producen un estado que sólo puede compararse a la pérdida de la cordura. El amor es algo loco.
Pero además hay incluso mujeres que usan el sexo para que se les quiten las migrañas: la oxitocina liberada en el acto sexual echa fuera hasta a los cólicos menstruales.
Monterrey/Horacio Salazar
Mujeres tienen 237 razones para copular
Ediciones Impresas Milenio
Las motivaciones van desde el placer hasta la venganza, afirma estudio
Mujeres tienen 237 razones para copular
La vieja noción según la cual lo hacen por amor queda rota, al revelarse que buscan en el sexo beneficios genéticos o de recursos; incluso, dicen, “hay muy pocas cosas” por las que no recurren a él.
2009-09-29•Tendencias
El acto sexual se ofrece a veces como una moneda de
intercambio. Foto: Arlen Roche
El amor está ahí, pero no en la versión rosa de las novelas románticas, sino en una más pragmática y utilitarista: el sexo no es la puerta al cielo sino el pasaporte al éxito evolutivo, a la conservación de la pareja o a la satisfacción de impulsos que van desde necesidades directas (drogas, dinero, un auto nuevo) hasta motivaciones auténticamente malas: pegarle al tipo una enfermedad venérea.
Esto y mucho más, dice Tanya Gold en The Guardian, puede hallarse en las 336 páginas del libro Por qué las mujeres tienen sexo: cómo entender las motivaciones sexuales, desde la aventura hasta la venganza (y todo lo demás), que hoy sale a la venta en su edición en inglés.
La descripción del libro señala que los autores se meten en el uso del sexo como táctica defensiva contra la infidelidad de la pareja (por protección), como mecanismo para estimular el amor propio (por estatus), como arma de negociación de bienes (para adquirir recursos) o incluso como terapia contra los dolores de cabeza (como medicina).
A juzgar por su extensa reseña, y a pesar de sus temores, se trata de un título que sin duda será muy comentado, porque no se trata de un simple volumen fruto de una campaña de mercadotecnia. Cindy M. Meston, una psicóloga clínica, y David M. Buss, un psicólogo evolucionista, exprimieron 237 razones concretas por las que las mujeres tienen sexo después de entrevistar a más de mil mujeres acerca de lo que las motiva para copular.
“De los montones de confesiones”, escribió Gold, “resulta que las mujeres tienen sexo por razones físicas, emocionales y materiales: para impulsar su autoestima, para conservar a sus amantes o porque son violadas o inducidas. ¿Amor? Eso es una canción. Ahora estamos entre los simios malos”.
Gold habló con Meston acerca de por qué no se había hablado antes de las motivaciones detrás del sexo, si por décadas se hicieron estudios relacionados con el sexo (Kinsey, Masters & Johnson). Y según la psicóloga, lo cierto es que se había dado por sentado. “La gente simplemente supuso que la respuesta era obvia”.
Pero los datos que Meston y Buss extrajeron de su pila de entrevistas los sorprendieron incluso a ellos, por la gran diversidad de respuestas: las mujeres tienen sexo para sentirse bien, para buscar un ascenso, para obtener dinero o drogas, para regatear, para vengarse, para desquitarse de una pareja que las engañó, para que sus parejas se sientan mal...
“Las mujeres”, le dijo Meston, “pueden usar el sexo en cada fase de la relación, desde atraer al hombre a la relación hasta tratar de conservarlo de modo que se sienta satisfecho y no se distraiga. O por deber. O para librarse de él o para hacerlo sentir celos”.
El inventario de razones llega hasta extremos de perversidad. ¿Una motivación malvada? “Querer pasarle a alguien una infección de transmisión sexual”, le dijo Meston a Tanya Gold.
El volumen explica que las mujeres buscan dos tipos de beneficios: genéticos o de recursos. Los primeros son los genes que producen bebés sanos, mejorar la especie, pues. Los segundos son bienes útiles para proteger a los dichos bebés sanos. Por eso, comenta Gold, a veces a las mujeres les gustan hombres que tienen bienes raíces.
¿Soñando con un príncipe azul? La respuesta es más variada y pragmática. Foto: Archivo
Así pues, a las mujeres les atraen los hombres tipo George Clooney o Antonio Banderas porque su porte habla de buenos genes para pasar a la siguiente generación. Pero también los hombres ricos, de buen humor, bondadosos, porque proveen recursos para la familia. Y algunas incluso se casan con contadores, dice la periodista. ¿Por qué? Porque es difícil capturar parejas de nivel Clooney o Banderas, que además tenderán a ser chicos malos y mujeriegos. Según las autores, las mujeres pueden transigir y usar el sexo para atrapar parejas no tan deslumbrantes pero más fieles: sacrificar los beneficios genéticos por los beneficios de recursos.
¿Cuál sería la razón principal por la que tienen sexo las mujeres? La respuesta más común: la búsqueda de orgasmos, el mero placer físico. ¿Y la razón número dos? Aquí sí sería el amor romántico. Gold apunta que “las mujeres dicen que usan el sexo para expresar amor, y para obtenerlo, y para tratar de conservarlo”.
El libro define al amor de manera transaccional, señalando que es una especie de “seguro de compromiso de largo plazo”, una póliza que reduce el riesgo de abandono. Pero gracias a los químicos cerebrales, una persona enamorada está técnicamente en estado de locura.
Como dato enfriador de entusiasmo, los autores señalan que están enamoradas 73 por ciento de las mujeres rusas y 63 por ciento de las japonesas. Pero no son igualmente correspondidas: sólo están enamorados 61 por ciento de los rusos y 41 por ciento de los nipones. “Lo cual significa”, dice Gold, “que 12 por ciento de las rusas y 22 por ciento de las japonesas están desperdiciando su tiempo”.
El libro detalla más razones por las que las mujeres tienen sexo: para robarse hombres deseables vinculados en otras relaciones; para cuidar de la pareja, es decir, para evitar que vayan a buscar el sexo fuera del tálamo; por deber; para practicar o aprender técnicas sexuales; incluso por piedad ante el desamparado.
Buss le dijo a la periodista que otro grupo importante de razones tiene que ver con lo que llama la “economía sexual”: muchas mujeres intercambian sexo por bienes: drogas, un bolso nuevo, un trabajo, ¡incluso para que su pareja pode el jardín o saque la basura!
Gold lo resume así: “Hay muy pocas cosas para las que (las mujeres) no recurriremos al sexo”.
Química medicinal
De acuerdo con el libro de Meston & Buss, sexo y amor son un coctel benéfico para que las mujeres se sientan bien, más allá de la recompensa emocional, gracias a los químicos que secreta el cerebro.
El enamoramiento libera dopamina, norepinefrina y feniletilamina, los cuales producen un estado que sólo puede compararse a la pérdida de la cordura. El amor es algo loco.
Pero además hay incluso mujeres que usan el sexo para que se les quiten las migrañas: la oxitocina liberada en el acto sexual echa fuera hasta a los cólicos menstruales.
Monterrey/Horacio Salazar
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