2 ene 2016

26 jun 2012

La Visión del Extranjero: Carta a AMLO de un talentoso intelectual mexicano

La Visión del Extranjero: Carta a AMLO de un talentoso intelectual mexicano: "Estimado Andrés Manuel"  Por: Francisco Martín Moreno (Autor de México Negro, México Mutilado, México ante Dios, Arrebatos Carnales y v...


"Estimado Andrés Manuel"

 Por: Francisco Martín Moreno (Autor de México Negro, México Mutilado, México ante Dios, Arrebatos Carnales y varios Best Sellers de la historia de México).





 No existe ningún mexicano, medianamente sensato, que no esté de acuerdo con tu tesis consistente en que "Primero los Pobres". ¡Claro que primero los pobres!

 ¿Quién puede oponerse a semejante propósito político y social?
 Quienes realmente queremos a este país deseamos elevar a la altura mínima exigida por la dignidad humana, a todos aquellos compatriotas que carecen de lo estrictamente indispensable.

 ¡Claro que queremos educación para todos!
 ¡Claro que queremos bienestar para toda la nación!
 ¡Claro que queremos un ingreso per cápita de cuando menos 30 mil dólares al año para cada mexicano!
 ¡Claro que queremos apagar todas las mechas encendidas, que no hacen sino atentar en contra de la estabilidad y del desarrollo en general del país!
 ¡Claro que queremos aumentar el ingreso, pero a través de la productividad y no a través de decretos ya conocidos que disparan la inflación con todas sus consecuencias!

 ¿Quién no desea ayudar los indios de México?
 ¿Quién no desea alfabetizarles?
 ¿Quién no desea contener la emigración de cientos de miles de mexicanos a los Estados Unidos?
 ¿Quién no quiere agua potable, televisión, estufas, piso de concreto y paredes de ladrillo en cada familia mexicana?

 Querido Andrés: todos coincidimos en la necesidad inaplazable de rescatar a los marginados, sólo que yo no coincido contigo en las estrategias que has planteado para rescatarles de la miseria.
 Entiende que la única célula generadora de riqueza es la empresa y los empresarios, a los que tú llamas hambreadores del pueblo o parásitos sociales, son los agentes operadores del bienestar.

 La práctica lo ha demostrado.
 ¡Mientes!.
 Todos coincidimos con el fin, pero la mayoría no está conforme con tu método.
 Se vio en las urnas.
 Ni partiendo el sueldo de los funcionarios públicos a la mitad ni evitando la corrupción que devora lo mejor de nuestro país, podremos generar la suficiente riqueza para crear los empleos que requiere México, la herramienta más eficaz para ayudar a los pobres que tanto nos preocuparan.
 Tu diagnóstico está equivocado.
 Un gobierno encabezado por tí jamás creará los empleos que requiere México ni extinguirá las mechas encendidas, ni impulsará la recaudación tributaria indispensable para que el gobierno aumente significativamente el gasto en Desarrollo Social.

 Nadie con dos dedos de frente podría aceptar que tus tesis económicas ayudarán a la capitalización de las empresas ni estimularán la investigación tecnológica, ni ampliarán los mercados, ni estimularán la competitividad en el comercio internacional, ni abaratarán costos de producción, ni propondrán alternativas inteligentes para modificar el TLC, dando los pasos adelante necesarios para acercarnos, poco a poco, al esquema de una Comunidad Económica de Norteamérica.
 No tienes ningún derecho en detener a la inversión extranjera ni a la doméstica, que tanto necesitamos para prosperar.
 No tienes justificación para espantar a los capitales que vienen a ayudar a construir un México mejor.
 Careces de elementos, nunca los tendrás, para estimular el odio entre todos los mexicanos, ni para polarizar este país, ni para crear trincheras entre todos nosotros únicamente para dividirnos, la única condición en que los mexicanos hemos sido históricamente derrotados.

 Tú no representantas a la izquierda, sino al más catastrófico populismo, del que yo no quiero jamás volver a acordarme.

 Izquierda era la de Mitterand , la de Felipe González , es la de la Bachelet , a diferencia de la supuesta izquierda de Chávez o la de Castro , quien ha impuesto la felicidad con la fuerza de las bayonetas...

 ¡ERES UN PELIGRO!!!!!!!
 No, no Andrés, para tí es irrelevante el incendio de todo lo mío, la destrucción de todo lo que he construido en los últimos siete siglos.
 Es claro que no te importa que nos volvamos a incendiar como en 1810, en 1858 o en 1910, siempre y cuando tú puedas compensar los vacíos sicológicos que se remontan a tu infancia.
 No, Andrés, ese no es el camino.

 Si el padrón federal lo integran 72 millones de electores y de ellos sólo 14 votaron por tí, entonces 58 millones no te quieren en la Presidencia, o sea, más del 80 por ciento te rechaza como jefe del Ejecutivo.
 Antepones tu bienestar personal al mío.
 Deseas intimidar a las autoridades judiciales mediante la protesta callejera.
 No quiero un Mussolini mexicano que acepte la ley siempre y cuando le beneficie y que rechace a la Constitución por ser una herramienta a favor de la burguesía.

 La mayoría estamos conscientes de nuestras debilidades económicas y sociales, sólo que hemos decidido no convocarte a tí para resolver los difíciles problemas que nos aquejan.

 Abandona el llamado a la violencia.
 Abstente de erigirte como intérprete de la voluntad popular y resígnate a aceptar tu derrota.
 La mayoría de los mexicanos no te quiso en la Presidencia de la República, porque lejos de ayudar a los pobres, los hundirás más en la desesperación hasta que volvamos a matarnos con las manos entre nosotros mismos
 


 Además, te ruego, NO ME INCLUYAS NI A MI NI A TANTOS MEXICANOS INTELIGENTES que no estamos de acuerdo con un tipo como TU que cuando estudiante fuiste Tramposo y Malo; cuando Funcionario en tu Estado, Ladrón y Mentiroso......por favor NO SIGAS QUERIENDO PARECER LO QUE NO ERES, vives como rico igual que muchos de tus amigos y seguidores pandilleros como Ricardo Monreal y tantos otros que con esa bandera quieren confundir a los que de verdad son pobres en Mexico.

 ¡¡¡¡NO TE BURLES MAS!!!!
 Eres un Inadaptado, Pendenciero, Pandillero, Ladrón y Mentiroso...............

 ESO NO ES LO QUE NECESITA MEXICO, A ALGUIEN QUE SEA COMO TÚ
 Por favor, ya retírate, mejor vete con tu líder a Venezuela, la pobre Venezuela que está al borde de un colapso económico por el LOCO DE TU AMIGO, hijos ambos de un LOCO como Fidel que ha dado a Cuba mala vida ya, por favor...
 ¡¡¡YA BASTA!!!

17 jun 2012

Psicoanálisis de AMLO


Personajes
Alfonso Diez
alfonso@codigodiez.mx
Psicoanálisis de López Obrador
http://www.codigodiez.mx/Textos%20ht2/psicoanalisisdeamlo.html


Ojalá las siguientes líneas le abran los ojos a Andrés Manuel López Obrador, porque es evidente que nadie le ha hecho notar que carga con problemas muy graves. No puede ser Presidente de la República, se lo impiden, de manera contundente, los problemas psicológicos que lleva a cuestas; me explico: padece de Paranoia y de Epilepsia Mental, además de otros problemas personales que lo inhabilitan, como veremos a continuación.



La Paranoia

La paranoia está determinada por dos ingredientes fundamentales, el delirio de grandeza y el delirio de persecución; la psiquiatría distingue en la misma además el error de juicio (predominio en la interpretación de signos)  y una agresividad reivindicadora con respecto a los otros.

La idea del complot cada vez que López Obrador califica  los sucesos políticos que pueden afectarle es, evidentemente, un componente de su delirio de persecución: “acusan a los demás de corruptos porque quieren acabar conmigo”, “se confabulan exhibiendo a los delincuentes porque quieren acabar con mi carrera”, “los empresarios hicieron el complot para no dejarme llegar a la presidencia”, “las televisoras se confabularon para que yo no ganara”, “sonaron las campanas en catedral porque la mafia política quiere acabar conmigo”.

Pero, ¿quiénes quieren acabar con él?

Comenzó señalando al “innombrable”.

Nunca ha explicado de manera coherente porqué le llama así a Carlos Salinas de Gortari; ¿Por qué no quiere o no lo puede nombrar? ¿Qué problema personal se lo impide?

Queda clara la identificación de Salinas con el padre, en el inconsciente de López Obrador, si recordamos la interpretación de Freud sobre el caso de Schreber: “la paranoia de Schreber era un intento por superar el complejo paterno, especialmente el componente homosexual pasivo”, se cae en la paranoia como defensa contra la homosexualidad, “yo no lo amo, lo odio” que luego se convierte en autodefensa: “me odia”; “de este modo, su propio odio es relacionado con este contenido: le odio porque me persigue”. “La persecución representa la tentación homosexual, transformada en una temible amenaza que actúa independientemente de la voluntad del paciente”.

Andrés Manuel ha mitificado inconscientemente de tal manera la figura de Salinas de Gortari, le ha conferido tal capacidad de maniobra, tal poder: “es el innombrable, el non plus ultra, nadie puede más que él, quiere acabar conmigo (miedo a la castración)”, que queda clara la figura patológica, el delirio de persecución solamente escondido para el que lo padece. Salinas fue además, en una época, jefe de López Obrador; más que eso, jefe de sus jefes, “el jefe supremo”, la figura ideal para identificar con el padre, en este caso con el padre malo.

A Felipe Calderón lo llama “el pelele”; tampoco lo puede nombrar, el caso es equiparable al de Salinas de Gortari,  ocupa precisamente el mismo cargo que tenía Salinas y “que le arrebató” a él, y se aplica el mismo análisis en consecuencia.

El otro síntoma de la paranoia, el delirio de grandeza, no requiere de mucha explicación: “México necesita a López Obrador, si no, el país se va a ir a la ruina, viene el caos”, “la única esperanza para que esta nación se salve es Andrés Manuel”, todos los demás, si están en su contra, forman parte del complot: Creel, Fox, la CIA, la DEA, Diego, Cuauhtémoc, Rosario, Ahumada, Calderón, Azcárraga…

Con esa lógica, la gente actúa no en base a sus propias cualidades y debilidades, el país ha ido hacia adelante o hacia atrás no debido a ingredientes generales de tipo económico, político, social y otros, sino porque “quieren acabar con Andrés Manuel”, ¿por qué?, porque saben que Andrés Manuel es el “rayito de esperanza”, “el que acabará con los malos y hará que prevalezca el bien”, “el salvador de la patria”, en otras palabras: el predestinado.

Queda más que claro el delirio de grandeza.

Los anteriores delirios, sumados, nos permiten diagnosticarle paranoia.



La Epilepsia Mental

La epilepsia puede darse de dos maneras: motora, que es la más evidente porque el cuerpo se convulsiona y mental que sólo se percibe cuando se conoce el cuadro clínico que la determina.

Según un magnífico psicoanalista, Otto Fenichel, “con lo que mejor se puede comparar un ataque epiléptico es con la crisis afectiva”, para efectos de explicarlo y éste se produce “solamente en personalidades orgánicamente predispuestas”, tales individuos son propensos a reaccionar a ciertos estímulos externos, presiones, que capta el encefalograma y provocan descargas explosivas y convulsivas.

En la mayor parte de sus conferencias matutinas de prensa cuando era jefe de gobierno, Andrés Manuel mostraba claras lagunas mentales al dirigirse a su auditorio, decía algunas palabras y su mente se quedaba en blanco hasta que volvía a pronunciar palabras que completaban (o pretendían hacerlo así) su idea; él lo explicaba aduciendo que “tenía que hablar despacito” para expresarse mejor, para no equivocarse, pero entonces basta que uno se pregunte ¿Por qué todos los demás no padecen esos espacios verbales? ¿Por qué los demás hablan “de manera normal”? para intuir que hay algún problema; tal vez nadie se lo haya dicho a Andrés Manuel pero su enfermedad se llama “Epilepsia Mental” y la padece debido a que es más sensible orgánicamente a las presiones externas; es su manera de reaccionar a las presiones de la carga de trabajo, a sus problemas emocionales, familiares, laborales, de corrupción y excesos de colaboradores. Hay personas que ante las mismas presiones comienzan a sudarles las manos, tartamudean, se exasperan y gritan, se enojan, sobre reaccionan; de este punto se pasa a la verborrea incontenible, sin razonamientos, con exposiciones casi a gritos, que es lo que actualmente sucede a López Obrador.

Queda clarísimo el cuadro de epilepsia mental en el ex candidato.



Hay más

El organismo de Andrés Manuel reacciona con epilepsia mental, además de otro mecanismo de defensa que se llama “de negación”; basta con negar o no reconocer los problemas para que queden eliminados.

Pero es evidente que esa es la manera errónea de responder a los problemas.

La personalidad adecuada para manejar una empresa, un país o un partido es la que reacciona con calma a las situaciones inesperadas; en las clínicas de la conducta, uno de los tests que se hacen a posibles ejecutivos es precisamente para saber cómo reaccionarán ante lo inesperado.

La reacción de López Obrador ante lo inesperado es siempre errónea, negativa.

Por otra parte, López Obrador corrigió uno de sus graves defectos: decía “fuistes, llegastes, entrastes”, con la “ese” al final de tales palabras. Se lo hicieron notar, lo corrigió y nadie, ni él, le dio la debida importancia.

Pero el problema es grave porque refleja una profunda incultura, peor que eso, una gran ignorancia. Lo primero que denota es que se trata de un individuo que no lee, que nunca adquirió el hábito de la lectura; los errores gramaticales se van acumulando desde la niñez porque los padres nunca motivaron al niño. Lo segundo es que generalmente se trata de personas que si estudiaron alguna carrera es de tipo técnico (contabilidad, administración, medicina, ingeniería) y descuidaron el aspecto humanístico que para proporcionar cultura depende en gran medida de haber sido motivados desde niños al hábito de la lectura y, desde luego, de la formación académica.

Lo grave en este caso es que se trata de un hombre que quiere ser Presidente de la República y queda claro que no es apto para tal puesto.

La paranoia no es curable, la epilepsia mental es controlable a base de medicamentos, la reacción negativa a las situaciones inesperadas y el mecanismo de “negación” como defensa requieren muchos años de tratamiento psicoanalítico para solucionarse a la edad que tiene Andrés Manuel.

Pero la ignorancia, la falta de cultura, formadas desde la infancia, han sido asimiladas y construidas a todo lo largo de su vida y en consecuencia requerirían de otra vida para cambiar su personalidad deficiente.

En otras palabras, Andrés Manuel no tiene cura, tendría que volver a nacer para poder cambiar.

28 may 2012

Algunas notas críticas sobre la “república amorosa” de López Obrador – Julio Muñoz Rubio

transcripción íntegra obtenida de http://armasdelacritica.org.mx/?p=3009

Algunas notas críticas sobre la “república amorosa” de López Obrador – Julio Muñoz Rubio

Julio Muñoz Rubio.
Investigador del Centro de Estudios Interdisciplinarios de la UNAM.
El pasado martes 6 de diciembre Andrés Manuel López Obrador (AMLO) nos sorprendió con un texto intitulado “Fundamentos para una República Amorosa”. En él, intenta explicar su programa político a través de un discurso moral, que se pretende poseedor de un humanismo profundo, hablando sin tapujos sobre la necesidad de alcanzar la justicia y la honestidad en México, fundando nuestra conducta sobre una base amorosa: el amor como condición de la justicia y la honestidad. AMLO erige su documento como un tratado de cultura y de humanismo frente a la manifiesta ignorancia y el mercantilismo sin límites de sus ya casi rivales en la carrera por la presidencia.
Un examen más atento del texto de AMLO nos revela una serie de fallas y deficiencias muy graves, que lo hacen insatisfactorio e inútil para una reconstrucción del país.
El texto de López Obrador está plagado de categorías abstractas y vagas; es de una marcada imprecisión y superficialidad. Es el típico discurso de un ideólogo burgués, que por su método de análisis, su terminología y sus caracterizaciones oculta, esconde las relaciones sociales que producen los males que él señala. El texto está dominado por conceptos ahistóricos, por expresiones y categorías que no permiten constatar los resortes que producen la injusticia, la corrupción, la violencia desmedida; son conceptos congelados, raquíticos, entumecidos en el marasmo, en el pantano de la parcialidad y la mistificación burguesas. No permiten arribar a la comprensión de cómo es que funcionan las instituciones que generan esos vicios o siquiera si son generadas por parte de instituciones; tampoco nos deja claro cuál es la naturaleza concreta, las relaciones específicas, en cada contexto, de los grupos,  o sujetos que conforman a la sociedad mexicana. Más aun, cual es el papel y las determinaciones específicas de cada uno de ellos; cuáles son las mediaciones que ocurren entre esos sujetos, grupos e instituciones, las cuales están produciendo esos indudables males en la sociedad mexicana. López Obrador se niega a llevar a cabo un examen crítico con algún grado de profundidad de la sociedad mexicana y rehúye hacer una caracterización del Estado mexicano (hablo del Estado, que no es lo mismo que el gobierno) y de su desarrollo, de su devenir.
Desde luego para él es imposible hacerlo no sólo porque su concepción del mundo se lo impide, sino porque un análisis histórico del Estado mexicano y sus lacras le llevaría a revelar (¡Oh descubrimiento!) las raíces de todo ello en la clase política priísta de viejo cuño a la que él perteneció y de algún modo sigue  perteneciendo. Imposible explicar una importante porción de la corrupción y la deshonestidad mexicanas en, por ejemplo, los sindicatos, si no se analiza el proceso de corporativización de éstos y de las organizaciones campesinas y populares; si no se comprende el proceso de cooptación de todas ellas al proyecto del Estado mexicano, el estado priísta. Ahí es en mucho donde surgen y proliferan las políticas caciquiles, la impunidad, el enriquecimiento ilícito, la negación de los derechos democráticos. Pero AMLO no puede denunciar, ni siquiera analizar ese proceso concreto, específico del Estado mexicano. No lo puede hacer al menos sin entrar en un proceso autocrítico profundo por ser una de las personas que implícitamente, y en sus orígenes de príísta, impulsó ese modelo estatal.
Para López Obrador es suficiente con señalar la injusticia  y la deshonestidad y atribuirla a la presencia dominante de mafias de política malvados, e insensibles; sin capacidad de sentir amor y por lo tanto de transmitirlo, Su simplificación de la realidad social mexicana es tal que imagina que la solución a todos los males pasa simplemente por sustituir a los políticos malos por políticos buenos y amorosos (dese luego, comandados por él). Siempre descontextualizándolo todo; haciendo de un problema tan complejo como el funcionamiento errado del Estado mexicano, un problema de naturaleza unidimensional. Un problema de malos sentimientos contra buenos sentimientos. Un asunto, como él mismo lo expresa de la lucha del “mal” contra el “bien”, así de general y abstracta, así de vagamente expresado. Y dada esa simpleza para plantearlo y diagnosticarlo, una enorme simpleza para solucionarlo: “voten por mí”. Se trata de una visión mesiánica en la que basta que el “bueno” ocupe la posición privilegiada del poder para transmitir mecánicamente sus bondades al resto del pueblo, a la nación.
En el texto de López Obrador no se encuentra ningún esfuerzo por analizar la naturaleza de la conciencia o las conciencias de los distintos actores sociales ni de los movimientos y recorridos de ella. En su discurso, empapado de una psicología vulgar de primaria, permanecen ocultas las relaciones de explotación y de opresión producto del sistema social y así, permanecen ocultas no sólo las fuentes de la injusticia, sino las manifestaciones de la misma. Su arenga está dirigida a provocar en el lector una reacción sentimental primitiva y parcializada. Es una arenga que busca, con ese proceso de ocultamiento, enajenar la conciencia de los explotados, de los oprimidos, señalando un camino que deliberadamente busca despojar a las víctimas de la injusticia y de la deshonestidad, de su conciencia para sí, es decir de una conciencia propia, una conciencia de sujetos que se identifican entre ellos como oprimidos y víctimas de un sistema social, como sujetos capaces de poseer una conciencia independiente, una conciencia de la capacidad de ellos(as) de decidir y constituirse en el elemento activo que puede llevar a las solución de los problemas de México. Esa liberación de la conciencia puede ocurrir, pero a condición de desembarazarse de los lastres de la clase política y su conciencia, a la que AMLO pertenece.
En la segunda parte de su texto  http://www.jornada.unam.mx/2011/12/06/opinion/009a1pol López Obrador se desvive implorando al amor que llegue a nuestro país y que sea el pilar de la construcción del México por venir.  Pero su concepción de amor es de un simplismo extremo. Más próxima a la idea amorosa de las páginas rosas o las telenovelas que a lo que ésta sociedad requiere para lanzar relaciones afectivas verdaderas, entre seres humanos. La cerrada y limitada visión de AMLO de lo que es o debería ser el amor tiene su pilar fundamental en la defensa de las instituciones del Estado y los procesos de ejercicio del poder y del dominio dentro del capitalismo.  Esa cerrada y limitada visión del mundo le impide a AMLO darse cuenta de que es justo este sistema de dominación en el que él está inmerso, el que impide y obstaculiza el ejercicio del amor.
Es el sistema capitalista el que cosifica todo, el que al concebir a los seres humanos y a la naturaleza toda como mercancía. Impide siempre que los humanos desplieguen sus capacidades subjetivas, que actúen en función de ellas y no de la relación con objetos-propiedad privada, la privativa del capitalismo.
Es el capitalismo el sistema que, al tener al mercado como su único vínculo con la sociedad, destruye todos los tejidos sociales que podrían conducir al ejercicio del amor, anula la expresión  sentimental y emocional de cada sujeto, como no sea aquella que se oriente a la relación de mercado, al subsumirlo a la limitada relación laboral-jurídica del trabajo asalariado. México no es una excepción en este sentido.
El capitalismo es la forma de organización social que produce en serie individuos incapaces de amar. Inseguros, con una autoestima que se desplaza por los suelos o por debajo de ellos. El capitalismo, más en su etapa decadente representada por el neoliberalismo, es el mundo de la soledad, del aislamiento del individuo; es el mundo de la realidad cosificada, en el cual la relación humana se reduce a la dimensión valor, a la forma valor (de cambio). El mundo de este capitalismo, tan explícitamente respetado por  AMLO, es siempre el mundo de la necesidad, como opuesta a la libertad. Es el mundo en el cual el individuo se encuentra preso de las necesidades ficticias inventadas por este capitalismo para satisfacer la necesidad del mercado y la ganancia (Marcuse). Es el mundo en el que el ser humano no puede alcanzar su libertad por encontrarse inmerso en una cadena (cada vez más larga) de necesidades de posesión, preso en la falsa ilusión de que el sujeto más se realiza entre más posee. El capitalismo es el sistema que desvaloriza progresiva y contantemente el mundo de lo humano por medio de la valorización progresiva y constante del mundo de los objetos (Marx). Es el mundo del tener, no del ser (Fromm), es las antípodas del mundo del despliegue de las capacidades sensitivas del individuo. Por ello es el capitalismo el enemigo más acérrimo del amor, de la belleza, del trato humano, entendido como trato de seres universales,  con capacidades sensitivas, afectivas e intelectuales ilimitadas. Es el capitalismo el mundo del desgarramiento de la expresión sensible de toda persona, desde el niño hasta el anciano.
El capitalismo en general y en particular el mexicano, cultiva un modo de vida basado en la humillación, en la negación de los derechos y las capacidades; en el castigo y la vigilancia (Foucalt), la represión de la creatividad. El capitalismo, en especial el contemporáneo, cultiva una funcionalidad que vacía al individuo de sus sentimientos y afectos, que le obstaculiza el acceso a la complejidad y la creatividad del sentimiento amoroso. Fomenta la imposibilidad de expresar el “te amo” o el “ámame” correspondidos; es el efecto más profundo de una vida que transcurre siempre entre objetos y cosas que por su naturaleza mercantil se cambian, prestan alquilan o roban, llevando esto al punto de poner en el primer plano de la cosificación al propio ser humano.
El amor no puede florecer como expresión universal  humana en una sociedad, como la presente, en la que la relación entre los medios y los fines se encuentra invertida y en la cual el ser humano es sólo otro medio para servir al fin supremo de la ganancia. Una relación en la cual los humanos sólo son medios para sí mismos. Para ello es que se erigen todas las instituciones del Estado (familia, escuela, religión, policía, ejército, gobierno, clase política dirigente), las cuales organizan esa invertida relación y se constituyen con la finalidad de construir a cada ser humano como medio frente a los demás. Con ello se construyen como negación de lo humano. Fines que se comportan como medios. Por ello no es posible en este sistema, cumplir  el imperativo kantiano de considerar a todos los seres humanos siempre como fines y nunca como medios.
El sub-humano que sobrevive en este sistema, implora por un poco de afecto. No lo encuentra, no lo puede encontrar a menos que rompa, cuando menos parcialmente, con los valores y prácticas del capitalismo, de la sociedad de mercado; cuando menos en el fuero interno de la conciencia, lo cual no es poco logro: La libertad y el amor llegan, por el momento, a través del cuestionamiento de fondo del capitalismo, a través de la lucha por su destrucción. Por ello es más que vigente la tesis del Che Guevara de que la revolución es el acto de amor más radical que existe. El Che, desde mi punto de vista, nos dice con esto al menos tres cosas:  1-Que en el capitalismo el amor es imposible, 2-que es la revolución el proceso en el que el ser humano, al comenzar a reencontrarse consigo mismo, luego de siglos de existencia en el marasmo de su esclavitud, logra desarrollar sus sentimientos amorosos y 3-que éstos podrán expresarse plenamente en otro tipo de sociedad, en la que la propiedad privada haya desaparecido.
La libertad y el amor no son estados de ánimo fijos, son procesos de ruptura con estados de relaciones que impiden la expresión plena de las capacidades de los seres humanos. En esta medida no son procesos de “respeto” a las instituciones que AMLO quiere que se respeten (como la familia, por ejemplo). AMLO aplica la noción burguesa-religiosa de “respeto”. El respeto entendido como mantenimiento de las prácticas e instituciones hegemónicas existentes, como el dejarlas intactas, como el permanecer legitimándolas. El respeto, en esta tesitura, es una condición que, en la concepción burguesa lleva al amor, al amor burgués, concebido como afecto posesivo y cosificado. El amor no puede tener lugar si no se ha garantizado antes que habrá respeto a la concepción burguesa del mundo y a sus instituciones.
Pero una acepción revolucionaria del amor, en cambio, corre en contra de esta noción burguesa de respeto. El amor, en este nuevo sentido, se constituye como una gran falta de respeto y como ruptura de aquello que ha sido socialmente legitimado (Nietzche), el amor es el enemigo número uno de las instituciones del Estado  y de las ideologías producidas por éste. Lo que hay que respetar es al ser humano íntegro, capaz de revolucionar su propia existencia. Lo que hay que respetar es la capacidad humana de faltarle al respeto a todo lo anteriormente construido que limite sus capacidades amorosas.
AMLO es un simple demagogo electorero. Frente a su demagogia pseudoamorosa, pragmática, inmediatista, utilitaria y pobre, que va sólo en busca de votos, debemos expresar: “La vida está en otra parte”, como alguna vez alguien escribió en un muro parisino en 1968 (y que sirviera a Milan Kundera como fuente de inspiración para una de sus novelas más conocidas).
Contra la república amorosa: la ruptura poliamorosa.